
“Hacernos cargo del pacto patriarcal, de su ubicuidad, de sus mil caras y formas de reaparecer para desafiarlo en todas sus versiones y re-ediciones –a través de la fuerza del “entre mujeres” y, en ocasiones, en vinculación con varones que se propongan “desertar” de él- es el asunto más hondo del desafío que nos presenta la época en la que vivimos”.
Cartas a mis hermanas más jóvenes-Raquel Gutiérrez Aguilar
Año de publicación: 2020
País: Uruguay
Del tamaño de mi mano es este breve pero conciso libro feminista. Porque raramente un libro es apolítico, pero en este caso el tema es deliberado. El formato es pequeño por lo que hace que el contenido se lea “en una sentada”, en sólo 54 páginas la autora nos expone qué entiende por pacto patriarcal y cómo, desde su experiencia vital, ha enfrentado situaciones que la han llevado a desentrañar el concepto, identificarlo y comunicarlo sin mucho enredo a las generaciones de mujeres nacidas después de ella.
El libro fue publicado en febrero del 2020 en Montevideo Uruguay por Bajo tierra Ediciones y de hecho, la carta inicia con fecha del 13 de febrero de 2020 en Puebla, México, de modo que el proceso de gestación de este discurso fue inmediato, aunque ciertamente las ideas plasmadas son de décadas y bastante camino recorrido y partiendo de que el conocimiento fluye, la autora en estas páginas cita otras voces femeninas que han explorado el tema como Rosa Luxemburgo, Silvia Federici, Rita Segato, entre otras.
“El pacto entre varones –que se ha extendido en el último siglo hacia algunas mujeres- es tan generalizado y está tan neutralizado que no es extraño que, con frecuencia, sea muy difícil percibirlo con claridad”.
Página 21.

Raquel Gutiérrez Aguilar (1960) es matemática, filósofa, socióloga y activista mexicana, es profesora de sociología e investigadora del Instituto de Ciencias Sociales e Historia de la Benemérita Universidad de Puebla y se dio a la tarea de escribir una serie de cuatro cartas a sus hermanas más jóvenes, se dirige pues a compañeras, hermanas, amigas, no por condescendencia sino por la firma voluntad de comunicar y acompañar. Su idea fundamental es compartir el problema más difícil en procesar, según su experiencia y esfuerzos políticos, que ha sido entender con el cuerpo entero que no existen los espacios pares.

Que el mundo social está organizado en torno a relaciones mercantiles, a procesos ampliados de acumulación de capital con un raigambre heteronormado y colonial envuelto en varios formatos de administración tecnocrática y control estatal que a su vez organizan el flujo vital colectivo e individual y la riqueza material que sostiene la vida humana y no humana; y contiene dentro de sí una rígida y persistente jerarquía de lo masculino dominante que se une a reiteradas prácticas de expropiación, tutela y control que se imponen a través de la violencia.
Y dentro de esa trama inmensa de interdependencia, habitamos ensambladas de manera jerarquizante seres humanos con cuerpo de mujer y seres humanes con cuerpos feminizados y disidentes, además de seres humanos con cuerpo de varón.

Es interesante como la autora hace una distinción para distinguir la trama de interdependencia que somos y la cantidad de interconexiones en las que estamos insertadas, para ello utiliza dos palabras: ensamblar y vincular. Donde la primera es para aludir a los lugares fijados heterónomamente a cada quien que nos son dados: raza, clase, nacionalidad o lugar de origen, fecha de nacimiento, etc. Y la segunda, en contraste, alude a las conexiones que somos capaces de producir y regular más allá y, a veces en contra, de cómo estamos ensambladas en la red de interdependencia que constituye el mundo.

En esta primera carta Raquel comunica pues, sus conclusiones en torno a la ubicuidad del pacto patriarcal de dominación/expropiación que ordena tanto espacios masculinos específicos como los ámbitos considerados “mixtos”. Señala cómo el pacto patriarcal se ha tejido a lo largo de la historia con la brutal dominación colonial y, por supuesto, con el capitalismo, ampliándose cada vez más hacia las extensas geografías que constituyen todo el planeta y la vida misma, en los espacios públicos y privados.
Aborda una situación que es tan generalizada que cuesta trabajo distinguir y mucho más entender de manera integral al punto de poder explicarlo, esto es, deducir cómo opera y estructura el mundo que vivimos, un mundo de ensamblajes jerarquizantes y que se empieza a desarmar a través de la lucha colectiva.
“Vayamos paso a paso a la exploración del modo como se expresa y se repite el pacto patriarcal. La negación radical de nuestra autonomía –que se manifiesta en el afán patriarcal de control y restricción de nuestros cuerpos, en la desvalorización insolente de nuestra voz, en el desconocimiento de lo aportado por nosotras en las tareas conjuntas, en la inmensa violencia con que todo esto ocurre, etc.- se reitera y repite una y otra vez desde el ámbito privado, extendiéndose desde ahí al espacio público, al inhibir y/o dificultar en cada mujer singular la disposición de sí que es condición necesaria para salir de sí”.
Página 18
Si estás en la introspección y búsqueda de formar tus propios conceptos y posturas feministas o simplemente tienes la genuina curiosidad de comprender por qué existe el feminismo y/o de qué se trata, Cartas a mis hermanas más jóvenes de Raquel Gutiérrez Aguilar sería una gran aportación, sobre todo, porque escribe desde un feminismo latinoamericano del siglo XXI, específicamente mexicano.
“Pacto patriarcal y lógica de guerra son, hasta donde entiendo, caras de la misma moneda”.
Página 23

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