
Año de publicación: 2020 (2019 original en inglés)
Editorial: Anagrama
País: Barcelona
La novela En la tierra somos fugazmente grandiosos de Ocean Vuong (1988) es como una plegaria de aceptación del pasado y reconocimiento del presente que se vive, es de corte plenamente autobiográfico casi pronunciado en voz alta a pesar de ser intimista y confesional: Tengo 28 años, mido uno sesenta y tres, peso cincuenta y un kilos. Soy bien parecido desde tres ángulos y horrible de todos los demás. Te estoy escribiendo desde dentro de un cuerpo que un día fue tuyo. Lo cual quiere decir que te estoy escribiendo como hijo pp. 21
Pero también podría ser un diario de cuestionamientos profundos sobre el ser y la historia familiar de un joven que se asume con dos vertientes que lo colocan en el lado de los discriminados: inmigrante y homosexual.
El autor es vietnamita crecido en Estados Unidos. La historia va de un joven que escribe una carta a su madre, página tras páginas se va develando un diálogo tierno y a la vez desgarrador en el que describe detalles de su infancia y adolescencia y da cuenta de aquellos recuerdos que marcaron su existir, recuerdos que involucran a su madre y a su abuela, el origen del linaje. El lenguaje utilizado es coloquial pero muy poético, encuentras en la lectura unas imágenes estremecedoras ya sea por la plenitud de la ternura o por vívida pasión.

Ese valor o peso que poseen las palabras que el autor elige para escribir la novela delatan la vena de poeta que posee Ocean Vuong, pues fue con la poesía como se inició en la literatura. Y es que sabemos, las palabras tienen un gran poder que nosotros los humanos no, el de poder decir lo que son con el simple hecho de serlo.
Aunque la gran carta que compone la novela no está fechada, sí tiene un destinatario explícito, y desde el principio de la lectura se percibe que está escrita desde la honestidad y sin filtros, con el afán de confesar a la madre las cosas que nunca pudo decirle. El autor señala que escribe la carta porque ella es una madre tormenta y su relación siempre fue compleja: No sé si estabas contenta, mamá. Nunca te lo pregunté pp. 45
Ocean Vuong es un escritor de poesía y narrativa nacido en la ciudad de Ho Chi Ming (antes Saigón) en Vietnam, sin embargo, emigró con su familia a Estados Unidos cuando apenas tenía dos años por circunstancias terribles como lo son las guerras. En 2014 recibió la beca Ruth Lily de la Poetry Foundation y con el poemario Cielo nocturno con heridas de fuego (2019) ganó dos premios que lo posicionaron rápidamente en un lugar visible globalmente, primero en Estados Unidos: el Whiting Award y el Forward prize, segundo, el Premio T.S. Elliot en Inglaterra. Actualmente es profesor en el Amherst College de Massachussetts. En la tierra somos fugazmente grandiosos es su primera novela.

Con la lectura uno percibe que Vuong al escribir se abre al exterior pero también se abre a sí mismo, al reconocimiento de la historia familiar, las primeras experiencias con las drogas, sus encuentros sexuales, anécdotas dolorosas vividas durante la infancia y adolescencia que tintaron de nostalgia sus primeros años. El autor señala que escribe la carta con la certeza de que su destinataria no podrá leerla nunca, simplemente porque no puede, porque es analfabeta y ese hecho es en el que sustenta la apertura por contárselo todo.
La estructura formal de la novela es de solo tres capítulos, los dos primeros con más páginas y el último es muy breve. En los tres apartados se encuentran momentos extraños pero idiosincráticos:
“El hombre encorvado guía al macaco hasta debajo de la mesa; hace que meta la cabeza por un agujero abierto en el centro. Alguien abre la botella. El tapón de rosca hace clic y los hombres alcanzan sus vasos. Atan al macaco a un travesaño debajo de la mesa. Se remueve, inquieto. Con la boca tapada con una correa de cuero, sus chillidos se asemejan más al ruido del carrete de una caña de pescar lanzada hacia el centro del estanque”.
Página 52

Dada su omnipresencia y su tamaño, los macacos son los primates que más se cazan en el continente asiático. Durante el desarrollo de la escena antes citada, los hombres se turnarán para comerse el cerebro impregnado en alcohol o con dientes de ajo pues es una práctica que se acostumbra en aquel país, creen que los sesos los librarán de la impotencia sexual, que cuanto más rabie el macaco más completa será la cura.
A través de En la tierra somos fugazmente grandiosos conocemos detalles de la historia de Vietnam y Estados Unidos, de la guerra que destruyó el pueblo de la abuela de Ocean Vuong haciéndolo retroceder en el tiempo, pero también comprendemos algunas consecuencias irremediables dadas las circunstancias: intercambio racial y cultural que se desarrolla por los mismos mecanismos de la guerra, por ejemplo que Eldrick Tiger Woods, uno de los más grandes golfistas del planeta es también un producto de la guerra de Vietnam (justo como la mamá de Vuong). Durante la guerra de Vietnam el padre de Woods se casó con una mujer tailandesa de nacimiento encargada de la oficina del ejército estadounidense en Bangkok, dando lugar a lo que el autor reconoce como un matrimonio interracial.
“Hay tantas cosas que quiero contarte, mamá […] No sé lo que digo. Supongo que lo que quiero decir es que a veces no sé lo que somos o quiénes somos. Hay días en que me siento un ser humano, y otros en que me siento más un sonido. Toco el mundo no como yo mismo sino como un eco de quien fui. ¿Puedes oírme? ¿Puedes leerme?”
Página 76
Ocean Vuong es millennial y como tal en su producción literaria encontramos referentes que a cualquier millennial le resonarían incluso cuando no se comparta la nacionalidad o el país de residencia: el verano de 2003 cuando Bush declaró la guerra en Irak y de cuando “Where is de love” de The Black Eyed Peas sonaba en las radios del mundo, cuando Steve Jobs aún vivía, aquellos años antes de Facebook incluso años antes del primer Iphone. Estados Unidos es nuestro vecino, por lo tanto no extraña que en la novela aparece México y los inmigrantes indocumentados que cruzan el desierto para trabajar como jornaleros.

La primera novela de Vuong definitivamente me gustó, la lectura la sentí como un abrazo a los procesos de reconocimiento del linaje familiar y me gustó también por las reflexiones sobre la escritura, sobre la belleza, sobre todo aquello que perseguimos porque una vez lo juzgamos bello, así como pensamientos sobre el ocaso y la supervivencia que existen en el linde de su propia desaparición, con todo eso, En la tierra somos fugazmente grandiosos a dos caballos entre la narrativa y la poesía, fue para mí de principio a fin, un abrazo cargado de ternura al corazón:
“¿Te acuerdas del día más feliz de tu vida? ¿Y qué dirías del más triste? ¿Te preguntas alguna vez si la tristeza y la felicidad pueden combinarse, a fin de componer un hondo sentimiento purpúreo que no sea bueno ni malo sino insólito, sencillamente porque no tendrías que vivir en un lado o en el otro?»
Página 138.

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