“Los recuerdos bonitos, en cambio, aunque pocos y pálidos, ocupan mucho más espacio que todos los ficheros de pus juntos, porque una sola imagen bella contiene vivencias, olores y recuerdos que duran días enteros. Estos recuerdos son mi parte más valiosa, la perla deslumbrante nacida de una ostra hueca. El brote verde de la carroña humana que soy”.

Año: 2019
Editorial: Impedimenta
País: España

En la cultura mexicana, me atrevería  a decir que, también en la latinoamericana, hablar mal de la madre es una blasfemia. La figura de la madre es un rol sagrado e idealizado. Pues el libro del que escribiré a continuación es la antítesis de lo anteriormente dicho, es la historia de un adolescente con diagnóstico mental, o loco, como él mismo se autodenomina, que declara la guerra a quien lo engendra para finalizar su adultez como un artista rico y reconocido que se reconcilia con su madre y la historia familiar, tras un verano.

Curiosamente, El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes es el primer libro de una autora de origen moldavo que leo. Moldavia es un país de Europa Oriental y una antigua república soviética, se encuentra ubicado entre Ucrania y Rumania tal vez para alguien conocedor del mapa mundi o para un europeo sea común conocer estos datos básicos, pero para una mexicana como yo fue todo un descubrimiento, entre las curiosidades que aprendí sobre él es que es el país del mundo menos visitado pero también el que tiene la colección de vinos más grande, incluida en el Libro de Record Guiness, se le conoce como Milestii Mici.

Mapa de Moldavia. Google maps.

Por otro lado, conseguir la novela traducida al español en mi país no fue tarea sencilla, me refiero a la versión física porque la versión digital está en casi todas las plataformas.

Sucede que la novela ha sido recibida con mucho éxito y está prácticamente agotada, pero la recomendación de su lectura para mí era casi una exigencia y me di a la tarea de encontrarlo a como diera lugar. La versión original se publicó en 2016 y la primera traducción en español salió apenas en 2019, la versión que leí es del 2021 y estuvo a cargo de Mariana Ochoa de Eribe. Aquí aprovecho para recordar que si tú, lector, vives en Culiacán y quisieras leer el libro, no dudes en escribirme que te lo presto.

La lectura es amena, emocinante, dramática… tiene una estructura compuesta por 247 paginas divididas en 77 capítulos. La voz que narra es desde una perspectiva homodiegética, esto es, que se encuentra al interior de la historia y que utiliza la primera persona del singular, en este caso es el personaje principal: Aleksey.

El libro lo leí en tres tiempos, honestamente me pareció que está muy bien escrito que atrapa de principio a fin. Utiliza un lenguaje coloquial y jovial con anécdotas que apuntan más al desagrado y al hastío, pues el narrador todo el tiempo hace comentarios minuciosos que describen lo desagradable de la vida: malos olores, lugares que disgustan, sabores desagradables, el cansancio de vivir y la fatiga que provoca compartir el mundo con otros humanos.

Literariamente hablando, me resulta atractivo e innovador cómo la autora logra imágenes únicas gracias a la mezcla entre prosa y poesía, las crea porque intercala entre cada capítulo una frase corta que aporta contundencia a la anécdota, a modo de resumen, cada frase va cargada de gran fuerza lírica siempre desde la perspectiva del narrador: “los ojos de mi madre eran mis historias no contadas” pág. 107.

Se trata de la historia de Aleksey, un joven adolescente de origen inglés que vive conflictuado por sus relaciones familiares, sobre todo con su madre, una mujer que no supo acompañarlo durante su crecimiento porque estuvo deprimida durante años a causa de la muerte de Mika, su hija pequeña. Abandonado también por un padre evidentemente cargado de masculinidades tóxicas y una abuela que apenas supo ayudarlo.

Pero las miserias humanas son producto del sufrimiento personal no manejado. Devolver a la familia su humanidad, a la madre su derecho a equivocarse y al hijo la capacidad de comprensión es, me parece, lo maravilloso de esta lectura.

El protagonista de la historia se transformó de un niño no querido a un adolescente averiado. Y desde ese lugar escribe su historia por sugerencia de su psiquiatra quien pensó que si revivía ese último verano conseguiría tal vez volver a pintar.

Entonces a través de los recuerdos, de rememorar diálogos dolorosos, de explicarse el árbol genealógico, pero sobre todo de pensar aquellos días y el cómo transcurrió el tiempo entre Aleksey y su madre aquel último verano en Francia (cuando ella le pidió que pasaran juntos las vacaciones porque moriría a causa del cáncer) es que em protagonista se rinde y acepta su historia y por ende a su madre; cabe decir que estos datos los vamos conociendo conforme se avanza en la lectura, no van en orden cronológico, sino que el narrador va dando pinceladas que uno como lector logra acomodar por completo hasta el final de la historia.

La autora Tatiana Tibuleac (Chisinau, 1978) es escritora, periodista y traductora ha escrito tres libros: Fábulas modernas (2014), El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (2016) y Jardín de vidrio (2018). De la novela que aquí nos ocupamos, rescato que me parece realmente curioso cómo la autora logra representar la voz de un adolescente hombre sin que se sienta falso, creo que a Tatiana se le da bien el transmitir emociones de conflicto, pero sobre todo logra que el lector sepa apreciar las dos aristas: que vea al hijo problemático y la perspectiva de la madre quien como todo ser humano herido (al igual que el hijo), se refugia en su comportamiento de ogro.

Tatiana Tibuleac. Foto: http://www.impedimenta.es

El libro muestra la fuerza narrativa de la autora con una historia desgarradora a través del testimonio de un adolescente que involucra resentimiento, abandono, impotencia y lo conflictivo de las relaciones maternofiliales. Si tienes deseos de viajar a tus años de adolescencia y rememorar el vínculo con tu madre, esta lectura es ideal, por último, solo me gustaría dejar aquí una breve reflexión, que las demostraciones de amor y agradecimiento se realizan en vida y que finalmente, a través de un ejercicio de redención nos podremos reconciliar incluso con esa parte de nuestra historia que pulsa.

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