“Después le hablé sobre una hermandad de la India en la que sus miembros jamás dicen Buenos días, sino que utilizan la expresión: Yo saludo a la divinidad que existe en usted. Ellos saludan a la divinidad que reside en todos los seres humanos y en los animales de la selva, que nunca les causan ningún daño, ya que los miembros de esta hermandad piensan que Dios se encuentra en todo ser vivo”.

Año: 1925
País: Estados Unidos

Este librito es una joya, una joya antigua y vigente a la vez. Aunque la edición que leí es del año 2021 de la editorial Prana (México) “El juego de la vida y cómo jugarlo” se publicó por vez primera hace casi 100 años, se dice pronto pero sabemos que no lo es.

La autora se llama Florence Scovel Shinn (1871-1940) ¡¡estoy hablando de una mujer que murió 51 años antes de que yo naciera!! Estadounidense de nacimiento y artista por vocación pues dedicó su vida al arte, fue una ilustradora de libros que luego se convirtió en maestra espiritual y escritora metafísica en la plenitud de sus años.

Florence Scovel Shinn. Foto de Amazon.com

Digo librito, porque está compuesto sólo de 107 páginas divididas en 10 capítulos muy cortos y fáciles de leer. No niego que el libro parecerá muy mágico, casi que demasiado mágico, pero tiene su gracia, tiene su sentido y de él rescaté algunas ideas que ya rondaban por mi cabeza que aquí las vi muy claras y que además me ayudaron a seguir existiendo.

Habla del amor, del dinero, de las relaciones de pareja, la ley del karma y el perdón, del poder de la palabra, de la ley de la prosperidad, de ceder la carga, entre otros temas del género. Además de que la autora expone lo que piensa de cada punto, también los ejemplifica con historias de “pacientes” o “alumnos” que se acercaron a ella para pedirle un consejo, de modo que cada enseñanza va acompañada de una situación llevada a la práctica, a veces más de una.

A mí lo que me cautivo fue el capítulo de ceder la carga o del cómo grabar el subconsciente y ahora contaré las razones, que son más cotilleo que hechos científicos pero de vez en cuando se vale.

Resulta que el libro lo encontré en la casa de mis padres, lo vi sobre la mesa de la habitación donde tenemos nuestra biblioteca, digo nuestra porque la hemos armado entre mi papá y yo. Lo vi ahí y dije, qué raro, dudo que mi padre lo haya comprado y como yo no lo llevé, la curiosidad me rondaba ¿cómo llegó ahí? pero como en ese preciso momento estaba atravesando circunstancias específicas en las que necesitaba aquella lucecita extra, pensé: me lo llevo. No pregunté, no avisé, simple y llanamente lo tomé.

Apliqué la misma del libro del Dalai Lama que reseñé hace un par de semanas, o sea, leer un capítulo por noche, logró más o menos la misma sensación, aunque esta vez no era de paz absoluta sino de confianza o certeza en el camino.

“Llegar a dirigir el subconsciente por medio de la conciencia, es decir, de la razón, aparentemente es imposible pues la razón (el intelecto) se encuentra muy limitado por sus conceptos y está lleno de desconfianza y temores”

Pág. 56

Y es así, a veces una se sume tanto en sus razonamientos que no ve más que oscuridad, porque el mundo exterior eso manifiesta y si nos centramos sólo en ello, tardes negras nos esperan… la autora sigue: “La postura científica consiste en poner la carga sobre el súper consciente (Cristo en nosotros) donde se transforma en luz, o bien acaba por esfumarse para retornar a su nada inicial. Cierta persona que necesitaba urgentemente dinero hizo la siguiente afirmación: cedo esta carga a Cristo, que está en mí, y de esa forma voy al encuentro de la fortuna”.

La autora señala que “la carga” es la condición de temor y pobreza (sea material o espiritual), pero, que cuando la persona cede la carga a Cristo, el súper consciente llena su subconsciente de confianza y riqueza, lo que da como resultado un enorme bienestar. Y esto aplica en situaciones de rencor, de celos, de miedo, de falta de espacio físico, falta de efectivo, de salud, de absolutamente todo por lo que se esté atravesando.

Lo mejor de este capítulo, para mí claramente, es cuando Florence señala que no necesariamente hay que ceder la carga a Cristo. También podemos mencionar a la Sabiduría Infinita, la Selección Divina, al Universo, a la Diosa, a los ancestrxs a quien tú creas y consideres.

“Las dudas y el miedo sólo provocan que el espíritu y el cuerpo se contaminen; entonces, la imaginación se desborda y de ese modo causa los desastres y la enfermedad”

Pág. 58

Honestamente lo he vivido en carne propia y lo he visto en otrxs (que son yo), para aquella persona que no aleja de su subconsciente todo temor o duda, no hay paz ni felicidad. Dice Florence que el miedo es una fuerza encausada erróneamente que debe volverse y transformarse en fe.

“La valentía del león se fundamenta en vuestro miedo”. Enfrentemos al león y el miedo se irá; tratemos de huir de él y el miedo nos perseguirá”.

Pág. 61.

Aquella circunstancia que yo atravesaba era justamente esa: mucho miedo. No profundizaré en qué ni cómo pero a partir de que leí El juego de la vida y como jugarlo recitaba como mantra: “cedo la carga de mi seguridad a la Sabiduría Infinita y como cedo la carga de mi seguridad a la Sabiduría Infinita puedo estar tranquila”, y señoras y señores, santo remedio.

No puedo quedarme sin mencionar las cosas que observé en la lectura que fueron distinto al entusiasmo. Primero, que todos los capítulos están sostenidos en la biblia, que no tengo nada en contra de ella, es el primer libro impreso en la historia de la humanidad, pero bueno, es específicamente cristiano y eso podría abrir debates; segundo, que dados los tiempos que corrían en aquella época en que Florence escribió el libro, siento un poco, por no decir mucho, de machismo o condescendencia hacia las mujeres, por ejemplo: “para una mujer, la expresión perfecta puede venir del hecho de ser una esposa notable, una madre ideal, una ama de casa realizada, sin seguir necesariamente una carrera brillante” pág. 88-89 y aunque tenga razón, ¿por qué se detiene a dar ese ejemplo?

Otro más, que cuando la autora hace referencia a la humanidad en general dice hombre: “Todo hombre trae consigo su propio lingote de oro; ésta es la conciencia del oro, de la riqueza, que trae la riqueza de la vida” pág. 99. ¿Sólo los de sexo masculino? O ¿dice hombre porque así se estilaba al escribir? Ahí es cuando comprendo cómo la elección de las palabras lo es todo, ya veremos cómo nos juzga a nosotras la historia.

Aún así, El juego de la vida y cómo jugarlo (1925) me parece una lectura precisa para cuando se buscan respuestas, seas energéticx, chamánicx o no, quiero decir, todas las personas tenemos algo que decir y es deber ser escuchadas, siempre se aprende algo nuevo, se rescata un dato, una impresión, una filosofía o una redención, ésta última fue mi caso y por ello para mí mereció este libro un espacio en el blog.

Es muy mágico, sí, pero porqué no ceder ante ello, prueba y verás. Y si no, pues me dices y lo debatimos, que para eso (y otros factores más) escribo.

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