Se recomienda leer esta entrada mientras se escuchan las canciones aquí abajo:
¿Cuántos tipos de hojas diferentes hay en la carretera? Me pregunté varias veces con asombro durante el trayecto. Las nubes que besan las montañas. Las flores que hablan al verte pasar.
Recorrer Costa Rica por vía terrestre es como jugar un videojuego donde atraviesas paisajes de cerros, montañas y volcanes. Con la intensidad y los nervios de un camino de ida y vuelta. Cruzas ríos, cascadas y cuando empiezas a acostumbrarte, cuando menos lo esperas, estás del otro lado, otra vez frente al mar en medio de la selva.
En Costa Rica 50 kms se convierten en 350 kms. Un viaje que debería de recorrerse en tres horas se convierte en uno de seis o hasta más, sobre todo si la carretera está en reparación o encuentras mucho tráfico, cuando se avanza a vuelta de rueda y los sudores llegan al cuello y la espalda se pega en el asiento.
EL TRAYECTO DE ORILLA A ORILLA EN AUTOBÚS
Recorrer Costa Rica en autobús sin aire a condicionado en el mes de septiembre desde el Caribe al Pacífico, en un mismo día, es un deleite. El aire huele a incienso. No hay más espacio para rebasar. La expansión es visual y energética ¿cómo permanecer ajeno a tanta belleza?
El autobús lleva algunas ventanas abiertas que permiten entrar el aire y que circule, se siente fresco. Aunque los pasajeros llevan las mascarillas puestas y la paciencia bien templada pues saben que el camino no es largo pero es lento. La prisa no tiene lugar. Se avanza poco, olvidas el tiempo, la velocidad. Se frena el ritmo. No hay música y tampoco hace falta.
Costa Rica es muy bella, es preciosa, es amable, es colorida, mucha diversidad natural y humana. Para mí es el paraíso con clima ligero o lluvioso, ahora que es septiembre. Siempre con la música de las olas o el canto de las aves que no cesan.
Las cortinas del autobús se mueven conforme el movimiento del viento que entra para refrescarnos. A través de los cristales el deleite es tanto que hasta arrulla, pareciera que uno se disocia entre el vaivén de las curvas del camino y el verde inagotable.
Sientes que el sueño golpea la nuca pero luchas contra ti misma ¿por qué dormir si puedo seguir soñando?
LA BELLEZA
Dado que la diversidad humana en este país es basta, desde el Pacífico hasta el Caribe afrocostrarricense, estar aquí es un gusto visual constante. Invita a apreciar la belleza del otro, el de a lado. La belleza de los locales y de los turistas. De todos los visitantes que llegan con los ojos grises y se van respirando bonito, como yo. De quienes anhelan vivir en este lugar (y realizan el sondeo sobre compra de territorios) a la vez que expresan que todo va muy lento, que se come todos los días lo mismo. Que los monos te despiertan durante la siesta. Pero quieren vivir aquí, como yo.
¿Y quién no querría?
Para mí como mexicana, alegremente de raíces latinoamericanas, me resulta asombroso explorar los paisajes y apreciar lo bien que Costa Rica cuida sus recursos naturales, o por lo menos eso aparenta. Y al tiempo, lamentablemente no me asombra pero sí entristece ver basura por las calles, como en México.
Los ticos son buenos. La gente es amable y te ayuda. También están aquellos tontos que se pasan de aprovechados, como en todos lados. La gastronomía en Costa Rica es pura vida: el casado, uno de sus platos típicos, puede ser vegetariano o si quieres también carnívoro.
Deleitarse con unos patacones con frijol y la Imperial bien helada o con el café chorreado y un gallo pinto antes de las 7 am. Porque el sol y el calor te sacan de las sábanas muy pronto. Aunque no quieras.
Los billetes locales, llamados colones, son los más bonitos que me había tocado usar, tienen imágenes de animales y son de colores brillantes: amarillo, azul, rojo, verde…¡ayy! cómo me gusta la fonética de la “R” de los ticos. Así arrastrada, medio gringa. Que te hablen de usted. El reggae por todos lados.
Una delicia es Costa Rica, los amigos que en ella habitan que te abrazan con una sonrisa y la atención de su cálida bienvenida. La invitación a comer, la música que hacen, la guía turística que ofrecen mientras recorres sus espacios impregnados de magia y escuchas sus historias tan llenas de calma. Esta gente resulta toda una inspiración.
LISTADO DE COSAS QUE MÁS DISFRUTÉ EN CR:
Los parques nacionales y los backpackers. Los taxis rojos y amarillos. El circo Fantazztico de San Isidro El General, la reserva natural Could Bridge de Rivas, el libro de Yolanda Oreamuno: La ruta de su evasión regalo de Jeison, querido amigo. La amable y cálida solidaridad anfitriona de los Monge. Las canciones de Cuarto de Abajo. La voz de los Ortega y la buena vibra del más pequeñito de ellos que todavía no habla pero ya sabe cómo expresar cuando Jacob su padre le dice: «diga pura vida, Nico», el niño sonríe y realiza un gesto con la mano. Tan tierno.
Arrecife Punta Uva y Giacomino, el italiano trotamundos, habrá más pero éste especial porque es el que yo he conocido, quien también expresó su amistad con actos generosos al compartir lo que tiene conmigo y Brianda, mi gran amiga y compañera de viaje.
Las aventuras con Brianda en el kayak aquel en el que probamos suerte. Las tormentas nocturnas del Caribe. El hermoso mar de Manuel Antonio con el mono que me robó la banana. Doña Estela de la soda a la vuelta de la estación Musoc, mujer nicaragüense casada con un salvadoreño pero que vive en Chepe desde hace años, que se toma el tiempo y nos explica cómo son las pupusas, que llevan queso, frijol y chicharrón, «pero no cualquier queso», dice «llevan queso mozzarella». Qué señora tan linda, cuando te sirve la comida y sonriendo con los ojos pronuncia: “aquí está mi comidita humilde”.
En Costa Rica el tiempo se para y una posa la mirada en los pequeños e importantes detalles de la vida: las flores, los árboles, las mariposas, el cielo, las nubes, el canto de las aves, la fuerza vital y el amar al otro como se ama a uno mismo. Un lugar es su gente. Costa Rica es hermoso por su gente que se ofrece ayudarte por la calle, que te dice por dónde llegar, que cuida su espacio, que te invita a bailar salsa mientras suelta un “qué dicha, mae”. Y por sus millones de hojas verdes.

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